23 mayo 2016















En cualquier momento,
con la franqueza de lo inesperado,
regresa al punto exacto del presente
un cuerpo de mujer que trae consigo
su reflejo de luz iridiscente.
Desnuda, cristalina
cruza el umbral del tiempo,
supera la barrera de la melancolía
y al instante logra el prodigio,
desencalla la tristeza,
surca con su navío el mar de la memoria amable.
Y es así, sin motivo aparente,
que se recupera esa sombra de árbol
donde lo femenino se conjuga
en un verbo capaz de intimidades
más allá de la amnesia o el olvido.
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