16 febrero 2017











Fotografía de Pablo Urrea.




Hoy la mirada no abarca lo lejano
ni siquiera aquello que la mano alcanza.
Hoy el futuro nunca fue tan difuso,
una cerca egoísta impide el paso, ver.
El nuevo carnaval ha cambiado de atuendos
y los nuevos disfraces son escasos.
Así, la mayoría han quedado desnudos
de atuendo y de palabra, desnudos al completo.
Tal vez fuera la cólera muy necesaria ahora,
tal vez hora es del grito perforando los tímpanos,
con la sal del dolor estampada en los ojos
de quienes son canalla ruin y despreciable.
Pero una dejadez lo invade todo,
una mansa aptitud, un coger el arcén,
un entregarse quietos a la supervivencia,
a lograr pan y agua en este atroz silencio.
En mí duele la herida de los otros,
en mí quiebra su vida derrumbada.

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