26 junio 2015














No parece ser tiempo de rosas
ni tampoco de panes y peces, 
no está la lozanía al alcance de la mano
ni hay alegres comedias sobre escenarios nuevos.
Cuando regrese -pienso-
tras vivir el paraíso de un orgasmo,
seré de nuevo un extraño,
una piedra mellada,
un antojo de membrillo amarrado a tu pezón.
Y las calles se desnudarán entonces,
serán nuevamente desierto, 
selva virgen destronada
o tal vez un lodazal inmutable.
Por eso me sitúo al trasluz de los otros,
pasando sin saludar,
acariciando sus figuras con mi sombra
sin encontrar miradas en deshielo 
ni fuegos de artificio en el vagón del mundo,
sólo música disco, horizontes sumisos
y una sed de palomas reptando en la garganta.

3 comentarios:

Alv@ dijo...

Visitándote desde tierras lejanas, recordando los buenos amigos... te dejo un abrazo enorme y el deseo de un excelente día...

kiantei Castor dijo...

Pasé a dejar un abrazo y me encuentro con esta maravilla que calma toda la sed de letras.

Mi recuerdo eterno.

Anita dijo...

La balleza efímera del tiempo seduce en los recuerdos.