13 marzo 2014















Volví a reconocer su luz fría,
su claraboya abierta a la nada.
Estaba allí, flotando como un hálito
en los pasillos del áspero hospital.

Hoy regresó a enseñarme sus alas
cuando el habla oscurece la presencia
y un no querer decir nada importante
se entremezcla con palabras rendidas.
Hoy se puso a mi lado, su susurro
me despertó al oído la memoria,
el hormigueo sin hambre en el estómago.

Ese corredor largó, gris y largo
con celdas, batas, focos en el techo,
esas enredaderas en las ruedas
de las camillas avanzando a solas,
con esa palidez de margaritas turbias
junto con la estridencia del silencio
adueñándose del patio de butacas.

Se va apagando el lloro con abrazos,
el aire espesa el respirar oscuro,
y desde su bandeja inoxidable
el bisturí de la soledad extrema
corta la espiga de quien no ha de encontrar
el camino de vuelta como nunca
supo entender tampoco el de llegada.
.

3 comentarios:

Amando García Nuño dijo...

Es que hay caminos difíciles de transitar. Y, además, no llevan a parte alguna. Ni siquiera el de vuelta.
Abrazos, siempre

Duna al Desnudo dijo...

Robin, ¡qué bien lo has descrito!.
Me produce contento, y a la vez extrañeza, coincidir contigo en letras, música, gustos...etc. Pero, sobre todo, me hace sonreir, porque así, así somos los poetas.
Muchas gracias amigo. Un beso enorme.

Anónimo dijo...

COÑO!!!!!!!!!!

y a mí que me parece que se te escapa el alama porque alguien se muere!
Eso conmueve, asusta y acojona!

Y sí
es una mierda enorme porque nadie puede sentir tu desesperación, soledad y dolor...angustia en el decorado de los adornos de las miserias humanas


UN FUERTE ABRAZO!

" La huellita de al lado "