04 julio 2014




















No lleva al norte ni llevará nunca
mirar con ojos de abeja la colmena,
no es plausible aferrarse al peñasco
con esperanza o sometimiento,
no se roza a gusto la seda muerta
con la mejilla de la dulzura.
Si la herida viene de dentro a fuera
y el tiempo lo desencaja todo
al oído del trote de los caballos
salga el zorro de su madriguera
afrontando la huida hacia la quimera
de encontrar el sol en la negra noche.

02 abril 2014














Soy yo quien lo precisa pero eres tú quien habla
y me encuentro ante un muro de retórica hueca.
Entonces pienso -opaco a tu presencia-
mientras trasluces y observo el horizonte:
Esto es la soledad, compartir ese muro,
tan cerca en la distancia y separados
por toda esa maleza de palabras vacías.

13 marzo 2014















Volví a reconocer su luz fría,
su claraboya abierta a la nada.
Estaba allí, flotando como un hálito
en los pasillos del áspero hospital.

Hoy regresó a enseñarme sus alas
cuando el habla oscurece la presencia
y un no querer decir nada importante
se entremezcla con palabras rendidas.
Hoy se puso a mi lado, su susurro
me despertó al oído la memoria,
el hormigueo sin hambre en el estómago.

Ese corredor largó, gris y largo
con celdas, batas, focos en el techo,
esas enredaderas en las ruedas
de las camillas avanzando a solas,
con esa palidez de margaritas turbias
junto con la estridencia del silencio
adueñándose del patio de butacas.

Se va apagando el lloro con abrazos,
el aire espesa el respirar oscuro,
y desde su bandeja inoxidable
el bisturí de la soledad extrema
corta la espiga de quien no ha de encontrar
el camino de vuelta como nunca
supo entender tampoco el de llegada.
.

26 febrero 2014













Fue al abrir la ventana de la nostalgia
cuando titubeante se coló un gorrión
dulcificando así el rumor de los cuervos.
Desde muy lejos traía en su pico
la levedad de una hoja de durazno,
tras dejarla caer sobre mis manos,
antes de regresar por donde vino,
me susurró al oído con su canto:
Está bien, ya la abandonó el frío,
su cabello ha rescatado el brillo,
en sus mejillas maduran las manzanas,
tiene el cielo en su retina impreso,
duerme, sueña sin usar tu almohada,
apenas te recuerda, no parece importarle
saber si tú también saliste ileso.

06 febrero 2014
















Se me mueren los perros cada noche
y recién levantado los entierro
-después ya pienso en ti-


Me acicalo
me aseo con esmero
suavizo la mirada con tu cielo escarchado
salgo a comprar un suéter cachemir
una camisa oscura de seda japonesa
-ofrendas a tu tacto-


Embellezco con el sol de la calle
sonrío a las aceras
saco pecho
deambulo entre los setos
acaricio los verdes con los ojos
separo los instantes en cajones de barro
te traigo
te desnudo del luto
-incinero la veloz rectitud de la tristeza-

Pero al morir la tarde
con tu mano en el filo
decido silenciar los violines
no descubrirte más
no sacarte del hueco
concluir tu existencia figurada
dar cuerda al mal reloj
ser de nuevo hombre cuerdo.
.

18 enero 2014
















Sufrir la herrumbre,
la confabulación de los silencios
contigo encerrada en ese prisma opaco,
incrustada en mi entraña tu incertidumbre.
Mientras yo,
con un abre suertes enmohecido,
pretendía recuperar la flor tras el invierno,

encontrar escenarios en tus armarios viejos,
cimentar tu creación -esa llama en el mar-

Quise ser impoluto cada noche,
entregando a los párpados la llave
del portalón de piedra que da acceso al delirio
tras las crucifixiones cotidianas
y el deber concluido al apagar la luz,

pero me fue imposible 
no entristecer en niebla cada madrugada
recorriendo la esquiva imagen de tu cuerpo
-ese pan para hambriento-

No hay fe ni escapulario capaz de liberar de lo ilusorio,
de lo experimentado a lo largo del siempre,
la pasión arremete condecorando a fuego
la estridencia y su ruido, 
la paciencia y su eco.


Nunca se hilvana la ilusión con el mismo hilo,
ni es la aguja la misma, 
ni los nuevos atuendos,

por eso las cimas del amor son desiguales,
como son los deseos, 
como las inquietudes.

03 enero 2014















La tristeza es la certidumbre de saberse solo
De no ser ni poder ser párrafo de otro
Es salir en silencio a un patio vacío
Descender la montaña sin alcanzar la cima
Es volar hacia dentro con las alas quebradas

La tristeza es la huella nocturna en una playa
Un temprano paseo por una fría alameda
Es mirar los letreros de  neón sin leerlos
Una noria oxidada poblando el horizonte
Despeñar de lo bello sin agarrarse a nada

Tristeza es recibir invitados con un batín raído
Amamantar el yermo de la áspera nostalgia
Atracar en un puerto con el muelle abatido
Ver los escaparates desde el lado contrario
Y echar en falta lágrimas con las tuyas mezcladas

Por eso y otras cosas más allá de mis limites
La tristeza no sabe de suerte ni esperanza
Pasea por el bosque con los ojos vendados
Escarba en la memoria con la pala mellada
Y cruza los semáforos sin mirar a los lados