09 noviembre 2013








Al entornar los ojos,
escuchando el murmullo marino en la bahía,
puedo advertir que continúo viviendo
del oscuro vaivén de tu silueta,
de tu danza hechicera cercenando las olas.

Eres como neblina acogiendo en tu seno
una alargada tarde de verano,
el ondular del hilo primoroso
de una pequeña hoguera elevándose al cielo.
Por ello te conservo entre mis camuflajes
al lado del insomnio, a la vera del ansia,
y en la madreselva de las insurrecciones
sigues aleteando sobre mis pensamientos
encalando paredes de mi vetusta casa.

Alada e invisible gaviota de mi cielo,
impecable resurges desde las ilusiones
del joven deslucido por la crueldad del tiempo.
...