16 julio 2013

Una ciudad de cuentos
















No sé de otra ciudad ni otro lugar
de playa tan vital, mar tan brillante,
con tal capacidad en conseguir
rememorar mi juventud al instante.

No conozco otra tierra donde el aire
arremoline sobre los guijarros
una huella tan dulce y armoniosa
un soplo tan doliente, tan cercano.

El cielo la deshoja cada noche
el sol la templa con delicadeza
y una luna de tejados desiertos
salva nubes, mima las estrellas.

A pesar de su belleza clara
el mundo la contempla de soslayo
pero aun así reposa esa mirada
en su cálido regazo milenario.

En ella habita un pueblo mestizado,
un gentío irracional, desconcertado,
apaciguado por un poder mefítico
que ha sabido exprimir todos sus gajos.

Este pueblo desunido y afable
con un  sigilo que provoca llanto
vagabundea entre las quimeras,
sin conseguir engrandecer su canto.

A pesar de gozar la riqueza
rebosante en sus campos olvidados
mi ciudad asume el sabor agridulce,
su  luz en soledad, su cuento infortunado.

Y va barriendo. muy de tarde en tarde,
los trozos de cristales afilados
que cubren sus magnificencias,
sus pocos regocijos y todos sus quebrantos.