03 diciembre 2013














He cogido la tableta de chocolate
tras pensar en sus propiedades antioxidantes
según he ido leyendo desde hace un tiempo
y teniendo en cuenta mi lenta oxidación
he descargado la mandíbula con plena libertad, 
usando los molares,  triturando
circundándola,  tragando con fruición,
sin indicio de culpa por dejarme llevar.

Gracias a ese simple hecho
y como por hechizo
desaparecían los años descuidados a la nada,
las soledad de antes,
tu sombra descosida del recuerdo,
la huella de la muerte ligada a mi orfandad.

Veo y observo la tableta,
su dureza aparente,
su transformación al ensalivarla,
su dulcificar el paso de los segundos.
¿Será cierto que tiene
la formula de la felicidad?
.

4 comentarios:

Amando García Nuño dijo...

¿Quien sabe de la felicidad y sus fórmulas? Por mi parte, hay algo que me habita en tus versos, pero no te fíes, tampoco yo sé de felicidad, ni de poesía.
Abrazos, siempre

la MaLquEridA dijo...

Lo malo del chocolate es que da una felicidad efímera.


Saludos

la MaLquEridA dijo...

Gracias por tan bellas palabras en mi blog, con razón eres poeta.


Un abrazo

aleinad dijo...

no se si tendrà la formula de la felicidad, pero es placentero el momento en que el chocolate nos inunda la boca, se funde su sabor en la lengua àvida de tanto dulzor...
me encantò, se me hizo agua la boca, voy por un chocolate.....