14 abril 2012




















Aquella tarde herida
que me dejé soñar por algún dios
en la plaza mayor de un pueblo blanco
y vi pasar las gentes
con un cansancio viejo al caminar
y en seria soledad de pensamiento.
Aquella tarde frágil
me fundí en el aroma de tu ausencia
hasta llegar a ti como si fueras
parte de ese lugar ensombrecido,
y el paisaje de ti rompió la tarde
en una nebulosa de esqueletos,
de suaves ecos soleados por los años.
Cada esquina desanuda un beso
y en cada calle aguarda
una pequeña parte de tu cuerpo
Te ame como a la tierra,
como arcilla de artista en el silencio
de un taller donde tiene
la paz su ley y el corazón su tiempo.