19 diciembre 2011















La húmeda hojarasca, la penumbra del bosque,
los pasos repitiendo una cadencia herida
y andar y vaciarse por las difusas sendas
que descubre el azar aunado con las piernas.
Un destello nos abre el próximo segundo,
franqueados por ventanas en lóbregos pasillos
somos imprevisibles claridades fugaces
que cierran con firmeza el correr de relojes.
Roza los pensamientos una concupiscencia
valorada en ocasos con sus monedas falsas
e íntimos entresijos esconden aleteos
de cuervos entregados a buscar moribundos.
Ruinas cubren las vistas de las nuevas ciudades,
desde este promontorio que fue feliz colina
la brumosa neblina opaca carreteras
y el cieno de la ausencia siempre nos apadrina.
¡Qué confusa añoranza de los fantasmas idos
habita en el misterio de esta muerte tortuga!
sin carne ni esperanza, caparazón vacío,
hueco de soledades, espuma desolada.
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