18 marzo 2011
















Éste no es un poema apasionado
ni es una agudeza jugueteando con las palabras,
no es éste un párrafo cristalizado en señal de socorro
ni es surco en un papel con afán postrero.
No hay botella con mensaje flotando en su vientre
ni es parte del frondoso invernadero de la amargura,
no es el eco de la voz arraigada en la incertidumbre
ni un intento para desterrar la tristeza anidada en los poros.
Tan sólo es la efervescencia de un insomnio,
el vuelo solitario de un mosquito imaginario,
el sonido sordo dejado al  caer el barrote aserrado en el calabozo,
o tal vez el suspiro después de un prolongado silencio
cuando ya no prevalece lo nocturno con su coraza penumbrosa.
Quizá sea el despego inesperado de un mucílago adherido al cerebro
¿No es acaso en la piel de la noche donde se acallan los deseos?
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