31 octubre 2010
















Sé de un resplandor que de vez en cuando ilumina la noche
entrando por las llagas abiertas de mis ojos,
irrumpiendo en mi casa por su ventana espesa y fraudulenta.
Sé del quebranto que acompaña al vacío presidiendo la calma nocturna,
de una voz interior despojada de tono y exenta de vocales sedosas
y del halo imposible de mi sombra errando en la penumbra.

En blanco y negro nos contemplamos
sin atrevernos a franquear el límite de nuestros silencios,
pero en ti paciendo ya no sorprendo caballos salvajes
ni puedo recuperar el terreno infecundo del antiguo huerto.
Aunque vuelo, eso sí, entre un cortejo de jirones de humo
provisto de una flor marchita que ofrecer al viento.