20 mayo 2010














A tu lado, sombreando, hay un álamo infinito,
una orilla de rio meciendo el agua,
la extinta primavera ya no yace en mi pecho
ni agoniza mi voz en el silencio.

A tu lado se ilumina la arboleda nocturna
donde peregrinaba en mi desdicha,
no despierta la arista, no ensombrece la luz
y rubrica el amor su manuscrito añejo.

A tu lado el muro desmorona.
Un templo de caricias, de pétalos secretos,
desalambra los días, la realidad no amarga,
placidamente tiende un manto de dulzor lo ceniciento.

A tu lado un pan íntimo viste al hambre de gozo,
los dientes de la ausencia no se afilan,
la muerte no es escarcha madrugando
y cada suspirar despedaza un invierno.

A tu lado lato y cincelo,
esculpo cada piedra, cada frío,
y felizmente olvido los temores,
dichosamente la tempestad olvido.

01 mayo 2010
















De humanos y vegetales

Ayer me recibió mi ego con un:
¡Bienvenido de nuevo al club de los suspicaces, un lugar donde lo incuestionable se encuentra en el fondo del despeñadero de las dudas!
Y como no hay mayor emoción que la que provoca estar al borde del desastre, o paseando por las cercanías de un precipicio enredado en buscar un sentido al concepto de “la nada”, me dije:
¡Viva la concupiscencia de lo impuro y de lo desvirgado sin sufrimiento, en pura alegría!, y me quedé tan pancho.
Ya Ciorán, maestro en reflexionar sobre la amargura y el desasosiego, dejó escrito:
“La condición humana es una estafa, burlémosla haciéndonos vegetales “
Qué decir… descubro mi sombrero ante esa capacidad suya de bucear en un mar muerto con los ojos abiertos a la vida, aún anhelando transmutarse en hortaliza.
Y ahora, desembarcando con un adiós, me adentro nuevamente en mi jungla incierta, volviendo otra vez a rebuscar en la hojarasca.
Eso sí, con mi retina eternizando esa esencia de lo bello e inviolable que la fotografía del encabezamiento de este escrito tan bien refleja.