22 noviembre 2009
















Ya conocí tus labios ingenieros,

ya tus ojos, espías palaciegos.

Ahora quieres volver

y es delirio evocar cada hotel invernal,

cada nube de humo como castillo breve.

Quieres volver con ojos conmovidos,

sin manos alevosas,

a respirar al lado de mi boca andariega.

Aún así, resplandeces de transparencia herida

y perturba el fantasma de tu desnuda risa.

Aún así, es precipicio perseguir tu aleteo,

con tu voz enraizada profundamente en mí.

Eres como un almendro desolado en otoño

incitando a dormir su simulada muerte,

urgiendo a renacer retoñado en amor,

florecido de abril, arraigado en tu piel,

mi fructífero huerto…