26 junio 2009

















A esa tú enclaustrada que se te escapa y me seduce
le proclamo que fui tuyo hace ya treinta inviernos.
No podías saberlo, aún no habías nacido
pero yo te inventaba entre las escamas de mi joven ciprés
cuando la juventud se escarchaba en amores,
en claveles de sueños imposibles,
en desafinados intentos buscando un tono propio.

Luego vino aquello de alejarse persiguiendo el paso de los días
exilado en un huerto prospero, en una apacible enredadera,
pero a pesar de ello se me angosta la noche,
despiertan los fantasmas a la luna del pecho
y rompen las crestadas olas de los temores
en el acantilado de una ilusión desértica.
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04 junio 2009

















Un perfume amigo deja a un lado la prisa,
el llanto, la condonada esquirla de la nada,
y hace olvidar la premura de este transito
templando suave esta mano envenenada

Los deseos, esas fieras amansadas
recorriendo mil leguas por segundo,
son osadía descubriendo islas,
descifrando signos, enmendando erradas,
un pretencioso airón extraído de mis alas.

Pero a veces el sedicioso olvido
deja una rosa al lado de mi cama,
haciéndome creer y pensar un instante
en el consuelo de poder rastrearte
tras el turbio cristal de tus palabras.