25 junio 2008

















Un sombrío círculo rodea a esa figura andante,
esa figura que camina como tú o como yo
cuando somos estampas transitando
de una casa a otra casa,
del gran baúl al pequeño cofre,
del violentado arcón a la cueva escavada.
Trepado la muralla de una imagen perdida,
hasta la boca ausente,
hasta la desmesura que imagina relojes
como ojos que nos miran despidiendo saetas,
arde la vida
consumiendo el tiempo de la savia nueva,
despidiendo la flor de los amigos
ya lejos para siempre del verde que estremece.
Viene y va la tristeza como fiera enjaulada,
la ebriedad se diluye y nos tiritan hasta las esperanzas.

Pero tendremos siempre cuentos que creer,
que encajarnos a base de apaciguar el paso
¿para bien nuestro? no sé, sinceramente,
pues luego se diluyen en aves desterradas,
y siempre quedas,
tú,
como anillo presente en la memoria,
como la estela que persigue a esta nave con el rumbo alterado
por brillos que alimentan las ausencias.

Quisiera que la noche retorne ese puñal a la dulzura.