19 enero 2008














Quiero unas cortinas blancas,
su tibia piel cubierta por un lienzo de seda suave y blanca.
Mi mejilla reposará en la seda
(que cubrirá sólo en parte su vientre),
y ensortijados bucles, alegres como espigas,
buscarán mi barbilla
(no encontraría lecho más confortable).

Mis manos asirán su cintura,
recorrerán sus muslos escribiendo poemas en su piel con caricias,
blancas, como palomas.
Y habrá una luna inmensa,
blanca, curioseando,
entrando con sus rayos en nuestras inquietudes
y poblando sus pechos de margaritas blancas.

Desde el mar
nos llegarán rumores de sirenas que soñarán canciones,
playas de caracolas
(blancas como sus nalgas surcadas por mis besos)
vestirán a las dunas de arena inmaculada
y allí, francamente desnudos de tristezas,
la blanquísima aurora acudirá puntual
descubriendo su boca al benévolo día.
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04 enero 2008


















Desarmarme en tu boca con los silencios
de labios extinguidos después del beso
y volver al principio,
a la semilla,
al portento del brote...
y en tierra aliada resurgir del hastío,
servirse del misterio más reservado,
del ojo intenso,
de la mano que explora recogiendo los lirios de la memoria
y cada madrugada
brindar su aroma a la huidiza frescura,
entre sueño y escarcha, donde la muerte
a la vida sonríe y enseña el tallo,
donde la muerte
me muestra su dulzura provocadora.
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